999 Minutos

La brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor, dicen algunos estudiosos del tema. Sin embargo, aunque existan mayores o menores diferencias en los ingresos económicos, lo cierto es que para todos, más allá de la condición de salud, dinero, felicidad o lugar donde se viva, el día tiene 1440 minutos. “El tiempo es oro” dice un viejo adagio. Pues bien, todos tenemos una cantidad igual de “oro”, en lo que a minutos respecta. No obstante, si estamos durmiendo un promedio de 7 horas con 21 minutos cada día, es decir, 441 minutos, nos queda un promedio diario de 999 minutos en un estado de vigilia. Más allá de las complejas diferencias que podemos percibir entre personas, existe algo que nos hace iguales; todos tenemos 999 minutos (en promedio) para hacer nuestra vida despierta.



En este sentido, es muy importante administrar correctamente estos 999 minutos, en armonía con lo que queramos que nuestra vida sea. Impresiona que hoy tengamos más facilidades que nunca en la historia de la humanidad, para acelerar procesos. Necesidades y actividades tales como alimentarse, pueden ser hechas en menos tiempo que el que nuestros antepasados necesitaron. También el transporte es más veloz. El envío de información por mensajería instantánea y correo electrónico, la adquisición de libros en formato digital, y los supermercados que envían las compras a domicilio, constituyen algunos ejemplos de procesos acelerados, ahorrando minutos al usuario. Sin embargo, simultáneamente la sensación de no tener suficiente tiempo es epidémica. Esto demuestra que la experiencia interna no depende de las circunstancias, es decir, de “ganar tiempo” por medio de acelerar un proceso. No depende, por tanto, de cuánto tengamos, sino de cómo nos sentimos. Nuestro estado mental radica más bien en nuestra interpretación; el significado asignado a lo que vemos (la circunstancia), y finalmente qué hacemos con todo eso (conducta). Si plantamos una semilla viva en la tierra, y las condiciones necesarias son brindadas, la planta que hasta entonces es sólo un potencial, inevitablemente crecerá. Esto sucede conforme a la ley del menor esfuerzo. De la misma manera, si instalamos un hábito sencillo (semilla) y se proveen las condiciones propicias, tales como repetición, determinación, voluntad y claridad de propósito, inevitablemente esta conducta (hábito) abarcará cada vez más territorio (tiempo), es decir, se irá expandiendo progresivamente dentro de los 999 minutos. En el estado semilla de un hábito es suficiente con un minuto. Por ejemplo, si se desea cultivar el hábito de actividad física, es suficiente con un minuto cada día, siempre y cuando no se hagan concesiones. Vale decir, se toma ese minuto como algo No-Negociable. De esta manera, con una ventana de tiempo suficientemente amplia, ese minuto tenderá, inevitablemente a convertirse en más largo.

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