Felicidad y Éxito no son lo mismo

Él éxito tiene que ver con lograr cosas en la realidad. Defines un objetivo y lo alcanzas, entonces tienes éxito. Es algo que está en relación con el futuro. Podemos definirlo en función de un logro que para ti representa éxito. Por ejemplo, para alguien en el camino de las artes marciales, alcanzar el grado de cinturón negro puede ser un criterio de éxito.

La felicidad, por su parte, tiene que ver con estar en armonía con la realidad y aceptarla tal como es, y no como te gustaría que fuese. Es algo relacionado con el presente, y no con el futuro.

Como nuestra civilización sostiene creencias erróneas respecto al éxito y la felicidad, podríamos estar operando desde alguna de ellas, aun cuando a nivel intelectual no estemos de acuerdo.

Una de estas creencias es que la felicidad y el éxito son equivalentes, es decir, para ser feliz debes tener éxito, y si logras tus objetivos, deberías sentirte feliz. Sin embargo, cada vez son más quienes logran cierto estándar económico, social o académico, y siguen sintiéndose deprimidos, vacíos, ansiosos o decepcionados con la fórmula-para-la-felicidad que se les vendió, pues resultó ser insuficiente.

Esto puede llevarnos a la creencia opuesta, pero también errónea, de que la felicidad y el éxito son antagónicos. Como vemos tanta gente que ha alcanzado lo que llamamos éxito en los términos definidos por nuestra cultura, pero igualmente se sienten infelices, podríamos pensar entonces que alcanzar el éxito constituye un obstáculo a la felicidad o paz interior. Es conocida la frase de que es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja, antes que para un rico entrar al “reino de los cielos”. Lo que sea que signifique el término, alude a algo deseable, a una condición en la que “todo está bien”. Sea algo más allá de la muerte física, o bien un estado mental al que se puede acceder en el presente, podemos suponer que la idea del “reino de los cielos” representa algo feliz. Sin embargo, esta advertencia del camello y la aguja no parece muy alentadora si queremos éxito y también felicidad.

La buena noticia es que esta segunda creencia también es falsa, pues el éxito y la felicidad no son lo mismo, pero tampoco están en oposición. Simplemente no son lo mismo. Están relacionadas de alguna manera pero es un error pensar que se contradicen. Si la felicidad tiene que ver con aceptar la realidad, la infelicidad ocurre entonces al oponer resistencia a lo que es. El deseo de lo que no está, o el miedo a perder lo que se tiene, representan lo que en la tradición budista se refiere como avidez. Por otra parte, el rechazo a lo que está formando parte de la realidad presente, pero que no se quiere, porque es displacentero o desagradable, constituye la aversión. Avidez y aversión causan desdicha, y por lo tanto hacen imposible la paz interior o felicidad, pero no impiden lograr “éxito”. En consecuencia, sería la mente llena de avidez que suele tener el hombre rico, y no su riqueza y éxito lo que dificulta la entrada al reino de la paz interior.

Por lo tanto, la clave para tener éxito y felicidad simultáneamente, radica en la orientación a metas mientras se mantiene la mente equilibrada, es decir, ECUÁNIME.

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