Perserguir la Felicidad podría hacerte infeliz

(Cuando se busca en el lugar equivocado)


¿Has dicho alguna vez una frase del tipo “cuando tenga esto o aquello, seré feliz”?

Todos hemos caído en esta trampa de la mente, y es un engaño porque incluso si alcanzas “aquello” que supuestamente te daría la felicidad, pasado un tiempo vuelves a como te sentías antes. No es permanente. Entonces puedes intentar con otra cosa que tal vez sí logre hacerte feliz, y luego resulta ser igual de impermanente. Es el juego de buscar-pero-no-encontrar, y puede continuar sin fin.

Un ejemplo: cambias tu auto por uno más moderno. Tienes más placer y temporalmente más felicidad. Luego, tu sistema cuerpo-mente se adapta a ese nivel de placer y tu felicidad vuelve al mismo punto donde estaba antes de renovar tu vehículo. Puede ser frustrante, considerando la inversión hecha para obtener el auto. Entonces tratas de aumentar la felicidad con un nuevo cambio de circunstancia que signifique más placer. Y este ciclo se puede repetir por toda tu vida.

Se trata de un “programa”, funcionando en tu mente igual que una aplicación de computador o smartphone. Dicho programa se basa en el siguiente código: “la-felicidad-no-es-ahora”. Por lo tanto, cuando alcanzas tu deseo, el programa “felicidad-no-ahora” sigue funcionando en tu nueva realidad, proyectando la felicidad definitiva en un futuro que parece siempre escapar, como la zanahoria que hace correr a este burro:



La tendencia a adaptarse y volver al mismo nivel de felicidad anterior no es algo bueno ni malo; es sólo el diseño básico del organismo humano.

A este fenómeno se le ha llamado adaptación hedónica.

“Hedónico” significa “relativo al placer”. De ahí viene la palabra anhedonia, que es la falta de placer que padece una persona deprimida. Por otra parte el hedonismo es vivir sólo para el placer. Adaptación hedónica es “adaptación al placer”. Cualquier cambio que se haga en el grado de bienestar de tu vida, pronto se convierte en la norma (sea un aumento o una reducción). El organismo se adapta y lo da por sentado.

Por ejemplo, en una escala de 1 a 10 ¿qué tan feliz eres ahora?

Supongamos que tu respuesta fue de 6 puntos, y mañana ocurre una mejora significativa en tus circunstancias, lo que sea que eso signifique para ti. Te sentirás muy bien (más placer), y a la misma pregunta ahora responderías con un 9. Parece todo bien, pues te sientes más feliz que el día anterior. Sin embargo, si esta nueva circunstancia se mantiene en el tiempo, ahora eso es lo normal para ti y tu nivel de felicidad volverá a los 6 puntos de antes.

Ahora una situación opuesta: imagina que ocurre una tragedia que empeora tu situación. Tu felicidad baja de 6 a 2 y te sientes muy miserable. Sin embargo, al pasar un tiempo, incluso con las mismas circunstancias, te sientes de nuevo en un 6. La adaptación hedónica te ayuda a sobrevivir psicológicamente a eventos catastróficos. Podrías perder tu salud, fortuna, familia, etc, y ser infeliz por un tiempo, pero luego volver a la linea base.

La adaptación hedónica no es un problema; es un hecho. Y al estar conscientes de este hecho podemos evitar la trampa de buscar la felicidad en lo externo. No hay nada malo en querer, por ejemplo, una casa más grande, pero puede ser un engaño esperar que esa casa te hará feliz.

¿Cómo se aplica esto a nuestras vidas?

Al entender la idea de adaptación hedónica, podemos dejar de buscar la felicidad por medio del placer, y en cambio, atender aquellos factores que realmente la producen y mantienen en el tiempo.

¿Cuáles factores? Tenemos al menos dos:

1) Aspirar hacia algo que nunca se termina de realizar: tu propósito es algo que te mantiene en movimiento, sin tener un estado final. Por ejemplo, perfeccionar cada día tu arte, ayudar a los animales, educar niños, contribuir a la ciencia, hacer negocios responsables socialmente, producir y vender alimentos saludables, contribuir a mejorar las políticas públicas de tu país, desarrollar softwares que faciliten la vida a las personas, hacer diseños innovadores en ropa, viajar por el mundo y conocer nuevas culturas, hablar en público sobre temas que para ti son relevantes, dominar un deporte, etc. Ya tienes la idea. A diferencia de buscar algo placentero, que pierde su brillo después de un tiempo, estos son ejemplos de metas que no tienen un punto final. Siempre puedes llevarlas más lejos. Por ejemplo, en las artes marciales, una cosa es buscar la felicidad en el grado de cinturón negro, y otra muy distinta es encontrar la felicidad en aprender cada día más de las artes marciales y ayudar a otros que quieran aprender también.

2) Dirigirte hacia algo importante y significativo para ti, y también para lo que está más allá de ti. Si persigues, por ejemplo, ser una persona amorosa, sentir paz interior, o ser una inspiración para otras personas, estarás trabajando en algo que nunca se da por concluido, siendo una fuente inagotable de inspiración y motivación para levantarte, no importando lo que pase, y al mismo tiempo le hará mejor la vida a otros a tu alrededor.

En resumen, si no tienes una meta en tu vida, es una prioridad que la definas, procurando que no tenga punto final y que de alguna manera beneficie a todos. Si ya tienes una meta, revisa si puede ser replanteada de esta manera (como el ejemplo de las artes marciales mencionado más arriba).

La felicidad es la simpleza de estar en paz, lo cual no puede hallarse en los fenómenos transitorios como objetos y personas, sino en algo que está siempre presente aun en medio de los objetos y relaciones. Es algo que llevas contigo a todas partes. Tu actitud hacia y tu manera de interactuar con aquello que está en el mundo.



::::::::::::::::::::::::::


22 vistas0 comentarios