Cómo Superar la INDECISIÓN


Autor: Yidaki Valenzuela

Foto Portada: Raquel Martínez




La mente está todo el tiempo trabajando en anticipar lo que podría pasar. Algunas veces acierta en sus predicciones pero muchas otras no lo logra. Detrás de esta constante actividad está la búsqueda de certezas en un universo donde parece haber pocas respuestas y muchas preguntas. El cerebro intenta ordenar la realidad, consumiendo mucha energía en el proceso.

Al tomar decisiones, incluso si los cálculos de probabilidades son rigurosos, y se hace un balance de los pros y contras, no deja de ser IMPOSIBLE saber cómo va a resultar la acción a tomar. Esa limitación es parte de la condición humana, y puede ser motivo de angustia si no se aprende a estar en armonía con ella.

Al querer estimar cuál es la “decisión correcta” estamos intentando algo fuera de nuestras capacidades. Incluso si pudiéramos predecir con exactitud el resultado de una acción, para juzgar si es lo “correcto” sería necesario conocer todos sus efectos en todos los ámbitos, del presente y futuro. Eso, desde luego, no está a nuestro alance. No es posible hacer juicios, porque para hacerlo debemos tener conocimiento de todas las variables involucradas en una situación, lo cual va más allá de las posibilidades de nuestra percepción.

La única alternativa que nos queda a esta limitación humana es desarrollar una habilidad llamada “control de daños”, que significa tomar una decisión sin saber qué resultará de ella e ir haciendo los ajustes necesarios en el camino, de manera creativa en la medida que la situación se va desarrollando.

En el Bhagavad Gita, antiguo poema épico de oriente, narra cómo el maestro instruye a su discípulo en pleno campo de batalla, minutos antes de que se desate una sangrienta batalla entre dos clanes familiares. Arjuna, que es el guerrero, siente gran confusión de si es lo correcto luchar, al ver que en el ejército oponente están muchos de sus parientes y mentores. En ese momento Krishna, su maestro, lo instruye en que debe desapegarse de los frutos de sus acciones por la simple razón de que no le pertenecen y no tiene ningún control sobre ellos. Sólo está en sus manos ser fiel a su propósito de vida y cumplir lo mejor que pueda con su deber de guerrero. Esta batalla es metafórica, y se libra cada día en el corazón de los seres humanos. El llamado es a hacer siempre lo mejor que puedas, sin insistencia en cuál debería ser el resultado o fruto de tu acción.

Ahora, aplícalo:

La próxima vez que te encuentres paralizado por la indecisión de no saber qué camino tomar, no te quedes paralizado analizando en exceso. Simplemente elige una opción, ignorando si es realmente la “correcta”. Si esperas a saberlo para decidir, podrías esperar toda la vida. En cambio, vuélvete consciente de tu habilidad para el control de daños. Confía en que sabrás dar respuesta a cualquier escenario que resulte de tu decisión. Confía en que sabrás arreglar algo si lo echas a perder, y que gracias al error, obtendrás un aprendizaje que de otra manera no hubiera ocurrido. Sólo elige un camino, y mantente en movimiento.

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